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Educación digital

Menores y redes sociales: ¿Confianza o abandono?

  • Foto del escritor: Admin
    Admin
  • 1 sept
  • 3 Min. de lectura

Al hablar sobre los riesgos que las redes sociales suponen para los menores, muchas familias se ven ante un dilema que en mi opinión está mal planteado: vigilar lo que los menores hacen en las redes sociales o “confiar” en ellos y no hacerlo.


Para usar las redes sociales de una forma segura y saludable hay unas recomendaciones básicas. La primera es esperar como mínimo hasta los 16, yo me inclino más a esperar hasta los 18. Una de las consecuencias de su modelo de negocio es que están diseñadas para generar adicción, de hecho ese es uno sus objetivos. Además, como el modelo de negocio está basado en la atención, da lo mismo lo que comencemos a ver, vamos a ser bombardeados con recomendaciones y sugerencias del contenido que más retiene nuestra atención: contenido que genere emociones negativas intensas ( como las derivadas de la comparación social negativa y de la indignación), sexo, desinformación y violencia.


Otra de las normas básicas es establecer un tiempo de uso muy limitado. En el caso de menores, se recomienda realizar un uso conjunto con la familia por lo menos durante un tiempo para enseñarles a detectar riesgos, a poner contexto e interpretar correctamente lo que están viendo, guiarles y enseñarles a hacer un uso seguro y saludable. La tercera recomendación básica es hablar constantemente del mundo digital, de sus riesgos y de su prevención.


Pero claro, es muy difícil que los adultos eduquen en el uso seguro y saludable si la mayoría de adultos no sabe hacer un uso seguro y saludable de las redes sociales ni conoce realmente los efectos del uso excesivo de pantallas, de ver pornografia, de lo fácil que se puede desarrollar ludopatía con las apuestas deportivas, los efectos de las redes sociales en la salud mental o cómo están diseñadas para generar adicción… Los adultos necesitamos formarnos urgentemente porque la mayoría las usamos a diario y cada día durante más tiempo.


En este contexto hay muchas familias que eligen respetar la “privacidad” de sus menores y no entrometerse en lo que los menores hacen en sus redes sociales, ni en las comunicaciones que tienen con otras personas, conocidas o desconocidas. Dicen que “confían” en sus hijos e hijas, en su madurez, y en que harán un uso seguro y responsable de las redes sociales. ¿Un menor puede hacer un uso seguro y responsable de algo si nadie le ha enseñado a hacerlo?


Por otro lado yo podría confiar en que alguien está haciendo un uso seguro y positivo de las redes sociales, si esa persona tuviese el hábito de mostrarme de vez en cuando lo que hace, o de contarme habitualmente qué es lo que está viendo, cómo se siente con determinadas vivencias que tiene o qué cosas le llaman la atención, es decir, si tuviésemos una comunicación fluída y una confianza real que es bidireccional. Hay que ser conscientes de que siempre va a haber muchas cosas que los menores se van a callar, de lo contrario las familias no les permitirían usar las redes sociales.


La realidad es que según la mayoría de investigaciones, como por ejemplo el último estudio que la Fundación Colacao y La Universidad Complutense de Madrid hicieron sobre el ciberacoso en 2024, más del 80% de los menores no cuenta en casa nada de lo que vive o hace en Internet.


Si noy hay una guía en el uso, una comunicación fluída y si se permite que los menores usen las redes sociales sin ningún tipo de control, sin limitaciones, lo que muchas familias llaman “confianza” es realmente abandono. Les están abandonando a su suerte en el mundo digital. Les permiten usarlas y rezan para que no les pase nada. No tienen ni idea de lo que están haciendo los menores en el mundo digital ni saben cómo están usando las redes sociales.


El tema de los adolescentes y las redes sociales no es fácil de gestionar. Lo sabemos los que nos dedicamos a la educación digital y sobre todo lo saben todas las familias. Es complicado y requiere un trababajo continuo y mucho esfuerzo. Un trabajo que las familias en general no están dispuestas a hacer. Practicamente todos los adolescentes usan las redes sociales, la mayoría sin control, y solamente un ínfimo porcentaje de las familias acude a las formaciones y sesiones que desde muchos ámbitos se les ofrece para ayudarles con la educacion digital. Exigen que los centros educativos formen a los menores, pero no acuden a las formaciones cuando se les ofrecen a ellas.


Este abandono, que en algunos casos se puede considerar negligencia, tiene efectos muy negativos en niños y adolescentes, pero las familias decidieron mirar hacia otro lado hace mucho tiempo.


Retrato de madre e hijo adolescente

 
 
 

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