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Diferencias entre uso ocioso, excesivo y adictivo de las pantallas

Vamos a ver tres tipos de uso que se pueden hacer de las pantallas para intentar detectar qué es un uso ocioso, cuándo ese uso ocioso se convierte en excesivo y va camino de convertirse en un problema mayor, y cuándo ese uso excesivo pasar a ser adictivo.

Para poder explicarlo de una forma resumida, estos indicadores que vamos a ver a continuación están simplificados pero pueden servirnos para la detección de los tipos de uso.


Hacemos un uso ocioso de algo cuando esa actividad es una actividad más de las que realizamos en nuestro tiempo libre. Es decir, en nuestro tiempo libre hacemos diferentes cosas y entre ellas usamos las pantallas: hacemos deporte, paseamos, leemos, escribimos, tomamos clases de cosas que nos gustan, estamos con amigos y además usamos el smartphone, las redes sociales, juegos online, vemos series… Todo lo que está relacionado con pantallas se engloba como la misma actividad. Generalmente lo pasamos bien, estamos entretenidos y no dejamos de hacer otras cosas para dedicarnos a la actividad en cuestión.


Comenzamos a realizar un uso excesivo de las pantallas y va camino de convertirse un problema mayor cuando se convierte en nuestra única actividad dentro nuestro tiempo de ocio. Solamente realizamos actividades relacionadas con pantallas: redes sociales, juegos online, smartphones, tablets, TV, películas, Youtube o Twitch… estamos conectados durante todo nuestro tiempo libre y dejamos de tener hobbies y de hacer cosas no relacionadas con pantallas.


Realizamos un uso adictivo de las pantallas cuando además de ser la única actividad que realizamos en nuestro tiempo de ocio, comenzamos a descuidar nuestras responsabilidades para estar más tiempo conectados. Esto no significa únicamente dejar de trabajar o estudiar para estar más tiempo conectados, también incluye comer más rápido para pasar más tiempo jugando, dormir un poco menos para ver esa serie que nos gusta, dejar de realizar pequeñas tareas domésticas, hacerlas más rápido o dejar de cuidarnos. Además, mentimos sobre la cantidad de tiempo de uso y siempre decimos que hemos estado menos tiempo. Como familiares y amigos comienzan a preocuparse y a decirnos que pasamos mucho tiempo, comenzamos a enfadarnos con ellos porque negamos la evidencia, tiene un impacto negativo en nuestras relaciones. Otro gran problema de la adicción a las pantallas y al mundo online es que comenzamos a sentirnos más cómodos en el mundo online que en el mundo físico rodeados de personas reales. A esto debemos sumarle el síndrome de abstinencia, los cambios de humor e irritabilidad y la ansiedad, o el pensar constantemente en el mundo online cuando no estamos delante de pantallas.

Si necesitamos referencias temporales aproximadas para saber cuánto tiempo puede ser un uso ocioso, excesivo o adictivo podemos mirarlo de esta manera: El día tiene 24 horas, y durmiendo más o menos pasamos 8 horas, en el centro educativo o trabajo pasamos más o menos otras 8 horas, realizamos las comidas más o menos hora y media, en nuestra higiene personal invertimos mas o menos una hora, en idas y venidas tardamos más o menos otra hora y realizando tareas de casa o haciendo tareas escolares pasamos más o menos otra hora. De media tenemos unas tres horas y media al día para tiempo de ocio. Pasar menos tiempo haciondo otras actividades puede ser un uso ocioso, las tres horas y media podría ser un uso excesivo, y más tiempo podría ser un uso adictivo. Es solo una referencia temporal de cara a personas adultas. Según la Asociación Española de Pediatría, el tiempo máximo recomendado delante de pantallas hasta los 16 años es de 2 horas al día. Cuanto más pequeños menos tiempo se recomienda pasar y si el uso se limita a algunos días a la semana mejor.


El uso excesivo y la adicción tienen a su vez otras consecuencias en nuestra salud mental. Por un lado hay algo llamado Fomo (“Fear Of Missing Out”, miedo de perdese algo) que consiste en tener la necesidad de estar constantemente conectados porque sentimos que de lo contrario nos estamos perdiendo algo. Esto no está relacionado solamente con redes sociales o juegos online, también se puede relacionar con la necesidad de ver constantemente las noticias para estar constantemente informados o con la necesidad de llevar el teléfono con nosotros siempre “por si pasa algo”.


Otro de los efectos de estar todo el día conectados es vivir en un estado de alerta continuo que muchas personas sufren sin ser conscientes. Al estar todo el día conectados, estamos recibiendo notificaciones constantemente y cada notificación va agravando un poco nuestro estrés y ansiedad. Unos indicadores de esto pueden ser ponernos un poquito tensos al escuchar una notificación, creer haber oído el sonido de una notificación cuando en realidad no ha sonado nada, o tener la sensación de que el teléfono ha vibrado en nuestro pantalón cuando en realidad no ha pasado (vibración fantasma).